El proyecto parte de comprender la identidad de la marca, su público y la experiencia que se busca construir. Estas primeras decisiones orientan el resto del proceso.
El segmento de mercado, la propuesta de valor, la relación con los clientes y otras variables son las primeras condiciones que orientan el proyecto.
La identidad de un espacio comercial y la construcción estética se apoyan en los valores que definen a la marca.
La locación se vincula con el modelo de negocio y la identidad de la marca, construyendo una unidad coherente.
Las decisiones de diseño incorporan la identidad de la marca al espacio y la transforman en una experiencia de lugar.
Las decisiones sobre el espacio parten de la identidad visual y buscan incorporarla a la experiencia del lugar.
Las circulaciones, la zonificación y las relaciones espaciales organizan el lugar y construyen un relato de marca.
La selección de materiales, el criterio de iluminación y el uso del color definen la atmósfera del lugar.
Los elementos del espacio vinculan la identidad de la marca con las necesidades específicas de cada función.
Una definición precisa del proyecto, con medidas y detalles, permite planificar la obra y hacer más eficiente la inversión.
Los renders permiten anticipar la atmósfera del lugar y visualizar las decisiones de diseño.
Con plantas, cortes y vistas se comprende la función y el espacio con medidas concretas.
El cómputo y las especificaciones aportan precisión a la ejecución del proyecto.
Conocer de antemano el costo de la obra reduce los riesgos de la inversión.
La gestión integral de la obra asegura que cada decisión proyectada se lleve a la realidad de acuerdo con los objetivos del proyecto.
La gestión centralizada coordina a los distintos actores y articula las diferentes etapas del proyecto.
El seguimiento de la ejecución asegura que la obra se desarrolle de acuerdo con el proyecto y sus especificaciones.